Lo-debar quedó atrás

desierto

Un territorio de dolor(*) donde encontramos el pasado sin remisión, el pozo oscuro del cual hemos sido liberados recibiendo como recompensa una vida bajo el mismo techo que el rey, un refugio en su palacio.

Cuando tullidos fuimos arrastrados hasta allí, creímos que nunca saldríamos de aquel lugar, que seriamos siempre prisioneros en esa árida tierra de incomprensión y tristeza.

Abandonar esa miseria era para cada uno de nosotros una tarea épica, podríamos decir utópica. Pero Dios, es un Dios sorprendente. Tendió su mano y nos invitó a vivir con Él. Fue entonces, al cerrar los ojos y dejarnos guiar por su voz cuando comprendimos que la ventura había llamado a nuestras puertas.

Lo-debar quedó atrás. Nuestro pasado fue sepultado. Una nueva senda colmada de esperanza se abrió ante nosotros. Una vida repleta de oportunidades.

Yo no quiero volver atrás. Miro mis cicatrices y leo en ellas el transcurrir de los días tristes y funestos vividos en soledad.

Veo en esa tierra alejada las marcas difuminadas con lágrimas que en silencio fueron derramadas sin recibir consuelo.

Me encanta mi nueva morada. Me siento príncipe viviendo en palacio. Yo no deseo volver a Lo-debar. ¿Y tú?

 


(*) En 2 Samuel 9: 1-3 el Rey David llama al lisiado Mefiboset a su presencia para ser tratado como uno de sus hijos. Este Mefiboset había quedado inválido de ambos pies, se estima que a la edad de cinco años. Después que David fue establecido como rey sobre todo Israel, quiso mostrar misericordia hacia todos los que habían quedado de la casa de Saúl, aunque eran potenciales enemigos suyos. Así pues Mefiboset, lisiado y desamparado, incapaz de valerse por sí mismo, fue traido de su lugar de residencia: Lo-debar. El nombre Lo-debar tiene un significado muy curioso: sin pasto, sin frutos, una tierra árida, seca y desértica.

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¿En qué se parece la tentación a los gatos callejeros?

Todos los que invocan el nombre del Señor han de apartarse de la maldad. 2Timoteo 2:19
¿En qué se parece la tentación a los gatos callejeros? Muy sencillo: dale comida a uno y al día siguiente aparecerá con todos sus amigos. Sucede exactamente lo mismo con la tentación. Si alimentas el deseo, aunque solo sea una vez, te resultará más difícil resistir. Como bien lo expresó Martín Lutero, no podemos evitar que las aves vuelen sobre nuestra cabeza, pero sí que hagan allí su nido.
¿Cómo aplicar este sabio consejo en nuestra vida diaria? No puedes evitar ver algunas imágenes sexualmente atractivas cuando caminas por la calle, porque están en todas partes (por ejemplo, en los kioscos de revistas), pero no tienes por qué detenerte a contemplarlas. No puedes evitar el deseo de contacto físico con tu novia o con tu novio, pero sí puedes evitar estar a solas con esa persona en lugares que inviten la tentación. No puedes vivir sin tener amigos, pero nadie te obliga a estar en compañía de quienes decidan involucrarse en conductas obscenas.
La lista es interminable, pero el punto está claro: evita el primer contacto con el mal. No alimentes a ese «gato callejero», porque regresará con refuerzos, y entonces será muy difícil quitártelos de encima. Puede que preguntes: «¿Cómo hago si la tentación aparece sin que yo la busque?». Muy bien, ¿recuerdas el relato del rey David cuando vio desde la azotea del palacio a una bella mujer mientras se bañaba? Ya conoces la historia (ver 2 Samuel 11: 1-4). ¿Subió David a la azotea para verla desnuda? No. ¿Porqué entonces terminó cometiendo adulterio con esa mujer, y asesinando a su esposo Urías? Porque, en lugar de apartarse de allí, coqueteó con el mal («alimentó al gato callejero»). Cuando finalmente despertó a la realidad, ya era demasiado tarde.
Señor, ayúdame a evitar el primer contacto con el mal. Y cuando la tentación me sorprenda, ¡dame valor para alejarme completamente de ella!

En busca de la felicidad

felicidad“Si alguno viniere a mí y no deja a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc. 14,26)

 
Echa un vistazo al mundo y observa la infelicidad que hay en torno a ti y dentro de ti mismo. ¿Acaso sabes cuál es la causa de tal infelicidad? Probablemente digas que la causa es la soledad, o la opresión, o la guerra, o el odio, o el ateísmo… Y estarás equivocado. La infelicidad tiene una sola causa: las falsas creencias que albergas en tu mente; creencias tan difundidas, tan comúnmente profesadas, que ni siquiera se te ocurre la posibilidad de ponerlas en duda. Debido a tales creencias, ves el mundo y te ves a ti mismo de una manera deformada. Estás tan profundamente “programado” y padeces tan intensamente la presión de la sociedad que te ves literalmente obligado a percibir el mundo de esta manera deformada. Y no hay solución, porque ni siquiera sospechas que tu percepción está deformada, que piensas de manera equivocada, que tus creencias son falsas.
 
Mira en derredor tuyo y trata de encontrar a una sola persona que sea auténticamente feliz: sin temores de ningún tipo, libre de toda clase de inseguridades, ansiedades, tensiones, preocupaciones… Será un milagro si logras encontrar a una persona así entre cien mil. ello debería hacerte sospechar de la “programación” y las creencias que tanto tú como esas personas tienen en común. Pero resulta que también te limitas a no sospechar ni dudar sino a confiar en lo que tu tradición, tu cultura, tu sociedad y tu religión te dicen que des por sentado. Y si no eres feliz, ya has sido
adiestrado para culparte a ti de ello, no a tu “programación” ni a tus ideas y creencias culturalmente heredadas. Pero lo que empeora aún más las cosas es el hecho de que la mayoría de las personas han sufrido tal lavado de cerebro que ni siquiera se dan cuenta de lo infelices que son…: como el hombre que sueña y no tiene ni idea de que está soñando.
¿Cuáles son esas falsas creencias que te apartan de la felicidad? Por ejemplo, ésta: “No puedes ser feliz sin las cosas a las que estás apegado y que tanto estimas”. Falso. No hay un solo momento en la vida en el que no tengas cuanto necesitas para ser feliz. Piensa en ello durante un minuto… La razón por la que eres infeliz es porque no dejas de pensar en lo que no tienes, en lugar de pensar más bien en lo que tienes en este momento.
 
O esta otra: “La felicidad es cosa del futuro”. No es cierto. Tú eres feliz aquí y ahora; pero no lo sabes, porque tus falsas creencias y tu manera deformada de percibir las cosas te han llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades y de una serie de “juegos” que has sido “programado” para jugar. Si lograras ver a través de toda esa maraña, comprobarías que eres feliz… y no lo sabes.
 
Otra falsa creencias: “La felicidad te sobrevendrá cuando logres cambiar la situación en que te encuentras y a las personas que te rodean”. Tampoco es cierto. Estás derrochando estúpidamente un montón de energías tratando de cambiar el mundo. Si tu vocación en la vida es la de cambiar el mundo, ¡adelante, cámbialo!; pero no abrigues la ilusión de que así lograrás ser feliz. Lo que te hace feliz o desdichado no es el mundo ni las personas que te rodean, sino los pensamientos que albergas en tu mente. Tan absurdo es buscar la felicidad en el mundo exterior a uno mismo como buscar un nido de águilas en el fondo del mar. Por eso, si lo que buscas es la felicidad, ya puedes dejar de malgastar tus energías tratando de remediar tu calvicie, o de conseguir una figura atractiva, o de cambiar de casa, de trabajo, de comunidad, de forma de vivir o incluso de personalidad. ¿No te das cuenta de que podrías cambiar todo eso, tener la mejor de las apariencias, la más encantadora personalidad, vivir en el lugar más
hermoso el mundo… y, a pesar de ello, seguir siendo infeliz? En el fondo, tú sabes que esto es cierto; sin embargo, te empeñas en derrochar esfuerzos y energías tratando de obtener lo que sabes muy bien que no puede hacerte feliz.
 
Y otra falsa creencia más: “Si se realizan todos tus deseos, serás feliz”. También eso es absolutamente falso. De hecho, son precisamente esos deseos los que te hacen vivir tenso, frustrado, nervioso, inseguro y lleno de miedos. Haz una lista de todos tus apegos y deseos, y a cada uno de ellos dile estas palabras: “En el fondo de mi corazón, sé que aunque te obtenga, no alcanzaré la felicidad”. Reflexiona sobre la verdad que encierran estas palabras. Lo más que puede proporcionarte el cumplimiento de un deseo es un instante de placer y de emoción. Y no hay que confundir eso con la felicidad.
 
¿Qué es entonces, la felicidad? Muy pocas personas lo saben, y nadie puede decírtelo, porque la felicidad no puede ser descrita. ¿Acaso puedes describir lo que es la luz a una persona que no ha conocido en toda su vida más que la oscuridad? ¿O puedes quizá describir la realidad a alguien durante un sueño? Comprende tu oscuridad, y ésta se desvanecerá; entonces sabrás lo que es la luz. Comprende tu pesadilla como tal pesadilla, y ésta cesará; entonces despertarás a la realidad. comprende tus falsas creencias, y éstas perderán fuerzas; entonces conocerás el sabor de la felicidad.
 
Si las personas desean tanto la felicidad, ¿por qué no intentan comprender sus falsas creencias? En primer lugar, porque nunca las ven como falsas, ni siquiera como creencias. De tal modo han sido “programadas” que las ven como hechos, como realidad. en segundo lugar, porque les aterra la posibilidad de perder el único mundo que conocen: el mundo de los deseos, los apegos, los miedos, las presiones sociales, las tensiones, las ambiciones, las preocupaciones, la culpabilidad…, con los instantes de placer, de consuelos y de entusiasmo que tales cosas proporcionan. Imagínate a alguien que temiera liberarse de una pesadilla, porque, a fin de cuentas, fuera ése el único mundo que conociera…: he ahí tu retrato y el de muchas otras personas.
Si quieres obtener una felicidad duradera, has de estar dispuesto a dejar a tu padre, a tu madre… y hasta tu propia vida, y a perder cuanto posees. ¿De qué manera? No desprendiéndote de ello ni renunciando a ello (porque, cuando renuncias a algo forzadamente, queda uno vinculado a ello para siempre), sino, más bien, procurando verlo como la pesadilla que en realidad es; y entonces, lo conserves o no, habrá perdido todo dominio sobre ti y toda posibilidad de dañarte, y al fin te habrás liberado de tu sueño, de tu oscuridad, de tu miedo, de tu infelicidad…
 
Dedica, pues, un tiempo a tratar de ver tal como son cada una de las cosas a las que te aferras: una pesadilla que, por una parte, te proporciona entusiasmo y placer y, por otra, preocupación, inseguridad, tensión, ansiedad, miedo, infelicidad…
 
El padre y la madre: una pesadilla. La mujer y los hijos, los hermanos y hermanas: una pesadilla. Todas tus pertenencias: una pesadilla. Tu vida, tal como es: una pesadilla. Cada una de las cosas a las que te aferras y sin las que estás convencido de que no puedes ser feliz: una pesadilla… Por eso dejarás a tu padre y a tu madre, a tu mujer y a tus hijos, a tus hermanos y hermanas… y hasta tu propia vida. Por eso deberás dejar todas tus pertenencias, es decir, dejarás de aferrarte a ellas, y de este modo habrás destruido su capacidad de dañarte. Por eso, finalmente, experimentarás ese misterioso estado que no puede ser descrito con palabras: el estado de felicidad y una paz permanentes. Y comprenderás cuán cierto es que quien deja de aferrarse a sus hermanos y hermanas, a su padre, a su madre, a sus hijos, a sus tierras y posesiones… recibe el ciento por uno y obtiene la vida eterna.


Fuente: Anthony de Mello

¿Quieres tener sabiduría?

sabiduria

“La sabiduría empieza con el temor de Jehová,
los insensatos desprecian la sabiduría y la instrucción”.
Proverbios 1:7

Porque la reverencia y el temor de Dios son básicos para toda la sabiduría.
Conocer a Dios da como resultado toda clase de entendimiento.
Proverbios 9:10

Muchos van en busca de sabiduría a los lugares equivocados.

La sabiduría empieza con el Señor.

Si vamos a ser sabios, debemos conocer a Dios, porque toda la sabiduría se encuentra en él.

Debemos tener un espíritu enseñable.

A decir verdad, esto podría ser la parte más difícil de llegar a ser sabio. Por alguna razón, atender la instrucción no es fácil para nosotros los humanos. Desde el momento en que nacemos, nuestro deseo de explorar y aprender comienza. Sin embargo, nuestra voluntad de seguir el consejo y hacer lo que se nos dice, bueno, eso es una cosa totalmente diferente.

Y sin embargo, ¿no te parece que los que son verdaderamente sabios son los que escuchan y luego siguen los sabios consejos de los demás?

Si tú y yo vamos a beber de la fuente de la sabiduría, primero tenemos que sentarnos a los pies de Dios y contemplar su rostro. Tenemos que empezar a conocer, de verdad conocer, al Amante de nuestra alma, nuestro precioso Salvador, nuestro papá, nuestro Abba.

Cuando lo conocemos, Él es fiel para guiarnos, conducirnos y difundirnos su sabiduría.

Necesitamos entonces estar preparados para

recibir su consejo,

estar abiertos a seguir su instrucción,

y estar dispuestos a ser flexibles en sus manos,

mientras nos crea y nos moldea a su imagen.

Aquí es donde la sabiduría comienza.

Cómo leer una carta de amor

Esta joven acaba de recibir su primera carta de amor. Debe de haberla leído tres o cuatro veces, pero apenas ha comenzado. Para leerla con toda la precisión que ella quiere, se requieren varios diccionarios y una buena cantidad de trabajo con algunos expertos en etimología y filología. Sin embargo, podrá entenderla sin ninguna de estas cosas. Reflexionará sobre el matiz exacto en el significado de cada palabra y de cada coma.

Él ha comenzado la carta con “Querida María”. ¿Cuál es el significado exacto de estas palabras? se pregunta. ¿Se abstuvo de decirle “queridísima mía” porque es tímido? ¿Le habrá parecido “Mi querida” demasiado familiar? ¡Caramba, quizá le hubiera dicho “Querida Fulana” a cualquiera! Ahora aparece en su rostro una expresión de preocupación. Pero desaparece en cuanto comienza a pensar acerca de la primera frase. ¡Es seguro que él no le escribiría eso a cualquiera! y así va leyendo su carta, por momentos cabalgando arrobada en una nube y a continuación apocada por la desdicha y el desconcierto.

Ha desatado centenares de preguntas en su mente. Podría citarlas textualmente de memoria. En realidad, lo hará para sí misma durante muchas semanas. “Si todas las personas leyeran la Biblia con una concentración semejante seríamos una raza de gigantes espirituales”.

La Biblia es la carta de amor de Dios para nosotros. Pero si queremos experimentar el anhelo y la intensidad de la joven descrita, tenemos que ver a Dios como nuestro amante.

Camino a Emaús

camino a Emaus
 

El sol quemaba en el polvoriento camino de Judea. Dos hombres se embarcan en un viaje de siete millas de Jerusalén a la ciudad de Emaús. Podrían llegar a la ciudad a la hora de cenar si mantienen su ritmo.

Pero como todo lo demás que han tratado de hacer en los últimos días, será difícil. Sus corazones, mentes y almas están girando con imágenes, pensamientos, ideas y emociones derivadas de los recientes acontecimientos. La persona que habían esperado que liberaría a la nación judía de la tiranía de Roma había sido brutalmente asesinada en una cruz.

Habían pasado todo el sábado escondidos con miedo. Si el consejo de gobierno pudo tan fácilmente condenar a Jesús, ¿podría la condenación de sus seguidores estar muy lejos?

Luego llegó la noticia de la mañana, un informe impresionante de algunas mujeres seguidoras suyas. Las mujeres contaron una historia increíble, una locura. Cuando llegaron a la tumba para cuidar el cuerpo de Jesús, las mujeres encontraron que la piedra había sido removida y un ángel hizo un anuncio aún más sorprendente: ¡Jesús había resucitado de entre los muertos!

Ellos movieron la cabeza con confusión. Los movimientos fueron seguidos por un animado debate acerca de lo que pasó, lo que podría haber ocurrido y lo que podría suceder a continuación.

De repente, un extraño caminó junto a ellos. Parecía no tener conocimiento de lo que había ocurrido en Jerusalén. Los discípulos rápidamente le pusieron al corriente de todos los detalles, pero se sorprendieron ante su respuesta.

¡Qué necios son! Les cuesta tanto creer todo lo que los profetas escribieron en las Escrituras. ¿Acaso no profetizaron claramente que el Mesías tendría que sufrir todas esas cosas antes de entrar en su gloria? Entonces Jesús los guió por los escritos de Moisés y de todos los profetas, explicándoles lo que las Escrituras decían acerca de él mismo. (Lucas 24:25-27)

Sus corazones ardían dentro de ellos mientras el desconocido hablaba. Empezando por Moisés y los profetas, les dijo todo acerca de Jesús registrado en las Escrituras.
 
Sólo más tarde, cuando vieron el movimiento conocido en la fracción del pan, reconocieron a su compañero de viaje. ¡Era el Señor mismo!A menudo me he preguntado cómo sería haber caminado con esos discípulos, y escuchar la voz del Salvador abriendo las Escrituras del Antiguo Testamento para revelar la forma en que anunciaban su venida.¿Qué quiere decir que él comenzó con Moisés?

¿Significa esto que empezó con la historia de Moisés en el Éxodo o desde el principio de los libros de Moisés, el Pentateuco?

Y los profetas.

¿Qué profetas?

¿Qué profecías?

¿O era más que eso? 

Tal vez el Señor no hizo uso de pasajes individuales en absoluto, sino que, como un Gran Maestro, fue capaz de explicar la totalidad del Antiguo Testamento que se refería a su misión.
No se sabe con exactitud, pero gracias a los grandes recursos y referencias cruzadas, podemos caminar nuestro propio camino a Emaús. Podemos explorar las maneras en que Moisés y los profetas apuntaban a la venida de Cristo.Hagamos este viaje y exploremos las referencias del Antiguo Testamento.

Y, que nuestros corazones ardan en nosotros mientras viajamos en el camino a Emaús…