Mirar al frente

hacia adelanteCuando yo estaba aprendiendo a manejar, mi papá me dio excelentes consejos. Un día, mientras estábamos conduciendo por un camino de tierra en mi pueblo, me encontré luchando por mantener el automóvil en movimiento en línea recta, hacia adelante. Yo vagaba hacia la izquierda, luego serpenteaba hacia la derecha, sólo para ir a la deriva a la izquierda de nuevo. Ir recto resultó ser mucho más difícil de lo que pensaba. Después de varios kilómetros de ir de un lado a otro de la carretera, papá me habló suavemente con palabras de sabiduría.

“Dejá de concentrarte en lo que está a la izquierda o a la derecha. Centrá toda tu atención en lo que está delante de vos, hacia donde vas, hacia dónde querés ir”.

Les dije que mi papá era sabio. Seguí su consejo (Yo soy hijo de mi papá, después de todo) y luego, ¡conduje como un profesional! No más serpenteos de un lado a otro de la carretera para mí.

A medida que viajamos por la vida, a menudo es difícil mantener nuestro enfoque.

Tentaciones.

Derrotas.

Tentaciones.

Pruebas.

Tentaciones.

Decepciones.

Ah, y no olvidemos, ¡las tentaciones!

Es difícil mantenerse en el buen camino cuando vamos a toda velocidad alrededor, a través y sobre todos estos obstáculos, y sin embargo, eso es exactamente lo que son: bloqueos de la carretera.

El enemigo sabe que si tiene éxito en capturar nuestro ojo,

el resto de nosotros pronto le seguirá.

Antes de que nos demos cuenta,

estaremos en un desvío que nunca tuvimos la intención de tomar,

dirigidos a un destino al que nunca nos propusimos ir.

Hoy, mientras estaba leyendo Proverbios 4, mi Padre Celestial, mi papá Abba,

suavemente me habló palabras de sabiduría:

Que tus ojos miren de frente,
que sea franca tu mirada.
Observa el sendero que pisas
y todos tus caminos serán firmes.
No te desvíes a ningún lado
y aleja tus pasos del mal.

Proverbios 4:25-27

Les dije que mi papá es sabio. Mi plan es seguir su consejo (Yo soy hijo de mi papá, después de todo) y pronto, espero llegar a mi destino…

¡cerca del corazón de Dios!

Mientras mantenga mi mirada fija en papá Dios, no van a haber más serpenteos de un lado a otro para mí.

Sí, estoy siguiendo el camino de la sabiduría hasta llegar a mi hogar celestial.

¿Y tú?

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