Somos tus hijos

Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino un espíritu de poder, de amor y de buen juicio. 2 Timoteo 1:7 

unnamed (4)Señor, Dios nuestro, nosotros somos tus hijos.

Gracias por escuchar nuestras preocupaciones, queremos recibir ayuda de ti, no de los hombres ni de lo que nosotros pensamos y decimos.

Que se revele tu poder en nuestras vidas.

Anhelamos una nueva era, una era de paz cuando se renueve la gente.

Anhelamos tu día, día en que tu verdad será revelada a toda la humanidad.

Permanece con nosotros y dale a nuestro corazón lo que se quedará con nosotros: el amor de Jesucristo.

Amén.

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¡Quiero conocerte, desconocido!

violetasUna vez más, anclado en el presente y lanzando mis miradas al futuro, vuelvo, en soledad, a elevar mis manos hacia Ti, a quien me acojo, a quien  solemnemente he dedicado altares en el corazón, en lo más hondo de él, para que en todo tiempo tu voz vuelva a llamarme.

Sobre ellos arde, profundamente inscrita, esta palabra: “Al Dios Desconocido”.

Soy tuyo, aunque el mal, hasta este momento haya venido atenazando mi espíritu.

Soy tuyo y los lazos percibo que en lucha tiran de mí hacia arriba, y, aunque quisiera huir, me fuerzan a servirte.

¡Quiero conocerte, desconocido! que tocas en lo profundo de mi alma, que cual tormenta recorres mi vida, inconcebible, Tú afín a mí.

Quiero conocerte y siempre servirte.

Friedrich Nietzsche

Nunca estamos solos

Amoroso Dios Trino: Padre, Jesús y Espíritu Santo,
Gracias por elegir morar con nosotros.

Nunca estamos solos –
nunca solos en nuestra debilidad,
nunca solos en nuestro miedo,
nunca solos en nuestro dolor,
nunca solos en nuestro sufrimiento,
nunca solos en nuestros pensamientos,
nunca solos en nuestras capacidades,
nunca solos en nuestras tareas,
nunca solos en nuestras responsabilidades,
nunca solos en nuestra toma de decisiones,
nunca solos en nuestro ir y venir,
nunca solos en nuestra vocación,
nunca solos en nuestro yo.

Tú estás aquí.
Estás con nosotros.
Estás delante de nosotros.
Estás detrás de nosotros.
Estás a nuestro lado.
Estás en medio de nosotros.
Estás dentro de nosotros.

Gracias, Padre, Jesús y Espíritu,
porque nunca estamos fuera de tu cuidado, de tu vista, de tu presencia –
que regalo tan precioso,
que paz tan increíble,
que Dios tan bueno eres.

Te alabamos, Padre. Jesús y Espíritu Santo.
Nos regocijamos en tu compañía.
Nos deleitamos en tu amor.
Nos maravillamos ante un Dios como Tú.

Feliz el pueblo que sabe alabarte con alegría

Oh Señor, feliz el pueblo que sabe alabarte con alegría y camina alumbrado por tu luz, que en tu nombre se alegra todo el tiempo y se entusiasma por tu rectitud. Sal 89:15-16

centavoQuerido Padre celestial, ¡cuán tiernamente tú has pensado en nosotros! ¡Cuánto bien tú nos permites experimentar una y otra vez! Tanto que nuestros corazones están alegres, y esta noche iremos a descansar llenos de alegría y agradecimiento porque somos tus hijos. Agradecimiento y alegría deben ser nuestro servicio para ti día y noche. Deseamos ser alegres y agradecidos por nuestras vidas. Aun cuando confrontamos horas sombrías, oh Señor y Dios nuestro, estamos llenos de la esperanza que nos trae alegría en el presente, así mismo en el futuro la seguridad de tu salvación. Hoy nos alegramos por lo que tú nos das. Amén.

Acompáñame

“Sígueme”. La invitación dirigida a Felipe prueba que el llamado de Cristo pide ante todo el apego a su persona. Jesús no le dice a Felipe qué actividad va a desempeñar. Sencillamente le pide que lo acompañe en el camino y se abandone a él con confianza para todo su porvenir.

siguemeEl término que traducimos por “seguir” quiere decir más exactamente “acompañar”. Jesús no quiere que lo sigan como un siervo sigue a su amo. Quiere que lo acompañen, que vivan a su lado como amigos. Seguir, es dejarse conducir por un llamado de amor y comenzar una amistad.

La expresión “sígueme” es, en su brevedad, la fórmula más característica del llamado a una vida enteramente entregada al Señor. Subraya la unión de persona a persona que se establece en una vocación. El que acepta el llamado no sabe por adelantado lo que tendrá que hacer ni las situaciones a las que tendrá que enfrentarse. Pero está seguro de Cristo; su compromiso de fidelidad personal.

Compromiso y fidelidad se fundamentan en el que ha sido llamado sobre el compromiso y la fidelidad absoluta del Señor. Al decir “sígueme” Jesús se obliga a trazar el camino y a sostener con su fuerza divina al que se confió a El. Le promete una fidelidad sin desmayo. El que sigue a Cristo jamás puede perderse, ni encontrarse sin apoyo.