A Dios le duele el corazón

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Génesis 6:5, 6.

¿Qué imagen tienes de Dios? ¿De un ser imperturbable, “acomodado en su gloria”, que mira de manera flemática lo que sucede en nuestro mundo, todo su dolor y miseria, como diciendo: “Ustedes eligieron ese camino. Arréglense como puedan”?

Desde sus primeras páginas, la Biblia nos habla de cuánto nos ama Dios y cuánto dolor ha traído a su corazón el terrible experimento de la rebelión.

Nuestro texto de reflexión para hoy describe los sentimientos del corazón de Dios por causa de la maldad que había en la Tierra antes del diluvio. El ser humano había llegado a un punto, similar al que vivimos hoy, en que “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y… todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Por supuesto, toda esta maldad traía sus consecuencias en términos de violencia, abuso, deshonestidad, depravación moral, lo que provocaba un estado de sufrimiento terrible a la humanidad de aquel entonces, como también lo provoca la maldad que existe hoy.

Imagínate si tuviéramos noticia de todos y cada uno de los sufrimientos que padecen todas y cada una de las personas, y no solo tuviésemos noticias, sino también estuviésemos obligados a contemplar a cada momento tanto dolor. Pues, eso es lo que le sucede a Dios. Él es omnipresente y a su vez omnisapiente. No hay nada que se esconda de su presencia, de su mirada y de su conocimiento (Sal. 139).

No solo nosotros sufrimos como consecuencia del pecado. Dios también sufre intensamente. Y, si bien seguramente a Dios no le sucede como a nosotros, que llegamos a desesperarnos por el dolor y hasta en algunos casos a enloquecer, seguramente no estaría muy desacertado el filósofo ateo y anticristiano Friedrich Nietzsche cuando sentenció: “Dios tiene su propio infierno, que es su amor por los hombres”.

escena del crimen

Anuncios

Cuando te encuentres con alguien que sufre

Respondió Job, y dijo: Muchas veces he oído cosas como estas: Consoladores molestos sois todos vosotros. ¿Tendrán fin las palabras vacías?… También yo podría hablar como vosotros, si vuestra alma estuviera en lugar de la mía… Pero yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios apaciguaría vuestro dolor. Job 16:1-5.

¿Te ha tocado tener que consolar a alguien aquejado de algún dolor profundo, ante una pérdida irreparable? ¿No has sentido que te faltaban palabras porque, aunque conocías la teoría del evangelio y la belleza del mensaje cristiano, sabías que a la persona que tenías enfrente poco podían afectar las construcciones teóricas? En esos momentos, mandan los sentimientos: la angustia, la pena, el sufrimiento, la depresión. Tienes que dejar que la persona se desahogue, que se ponga en contacto con lo que siente y que pueda expresar libremente su dolor. Ahorra palabras. Manifiesta, más bien, tu apoyo emocional y tu simpatía.

Como lo hicieron los amigos de Job en una segunda etapa de su visita, hay personas que están más interesadas en “defender” a Dios, por los reproches que los hombres le hacen por causa del sufrimiento, que en llevar consuelo al sufriente. Entonces, acuden a generalizaciones, pensando que todas las personas son iguales y que deberían reaccionar de la misma forma frente al sufrimiento. Fallan en manifestar la generosidad, la abnegación y la empatia suficientes como para adentrarse en el dolor del que sufre, y poder compartir su carga de aflicción.

Por eso, hoy, cuando te encuentres con alguien que sufre, no trates de hacer teología con él. Acepta su enojo contra Dios, contra la vida, incluso contra ti, a quien tal vez quiera tomar como chivo expiatorio para manifestar su ira. Eso es parte del proceso del duelo. Comparte su dolor, en vez de combatirlo a él por causa de su pena. Dios lo comprende y acepta, y si tú mismo estás pasando ahora por una experiencia de sufrimiento que te hace sentir enojado contra Dios, debes saber que tu Padre celestial te comprende, se compadece de ti. Él te acompaña en cada etapa de este proceso de sobrevivir al sufrimiento y salir más fuerte de él. Solo ten paciencia contigo mismo, con otros… y con Dios.

desde arriba