¿Cuál es tu mar Rojo?

Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda. Éxodo 14:21, 22.

Seguramente ya has atravesado por situaciones que parecían sin salida. Quizás hoy mismo estás padeciendo una de esas circunstancias en las que te parece que todo va hacia la destrucción. Pero, el Dios de los imposibles siempre obra con “pensamiento lateral”. Ve salidas donde el ser humano solo ve escollos. Ve liberación, victoria y gloria donde el hombre solo puede ver esclavitud y derrota.

Más de un hebreo debió de haber pensado: “Dios está loco. ¿Cómo vamos a avanzar por este mar inmenso, si no tenemos barcos, ni botes, y somos millones de personas, con ancianos, niños, y bestias de carga?” ¿Qué tendría que haber hecho Israel? ¿Debería haberse detenido a hacer un análisis científico, estadístico, de las probabilidades reales de que todo un mar se dividiera tan solo ante una vara alzada y una mano humana que se extiende sobre el mar? ¿Deberían haber consultado a los filósofos, los psicólogos, los sociólogos, los políticos, los historiadores, los científicos, para ver si ellos daban su visto bueno sobre semejante orden? Si así lo hubieran hecho, hoy ya no existiría el pueblo de Israel.

Lo único que hay que hacer (y que se puede hacer) en estos casos es tomarle la palabra a Dios, confiar en su poder y su sabiduría infinitos, y obedecer la orden de Dios, que es la manera más concreta de manifestar nuestra fe en nuestro Padre celestial. Los hebreos así lo hicieron. Se mojaron las sandalias, empezaron a avanzar por fe, y contra todo pronóstico humano pudieron ver las maravillas del poder de Dios.

¿Cuál es tu Mar Rojo? No importa cuál sea tu problema, llévalo a Dios. El puede darte soluciones inimaginables para tus problemas. Puede sacar recursos “de la galera”, y no solo librarte de lo que te acosa, atormenta, sino también llevarte a un lugar de seguridad, paz y reposo.

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Jesús tiene poder suficiente para calmar las tormentas externas, de las circunstancias que te oprimen, afligen y desesperan

Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Marcos 4:39, 40.

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¡Qué escena maravillosa! Ese humilde galileo, a quien pocos segundos antes se lo encontraba aparentemente impotente en los brazos de la debilidad humana, a tal punto que fue el único que se quedó dormido, ahora, como Dueño y Señor de la naturaleza, emite una poderosa orden, cargada de una autoridad y un poder que solo puede detentar el Creador y Sustentador del universo, Dios mismo. Y al instante, aquellas fuerzas incontrolables de la naturaleza, las cuales aun hoy en día, con todo su avance científico y tecnológico el hombre no ha podido dominar, se calman súbitamente, como si fuesen un potrillo salvaje que, al fin, mansamente se entrega en manos de su domador, porque sabe que es inútil resistirse: “Cesó el viento, y se hizo grande bonanza” (vers. 39).

Jesús nos invita a mirar la realidad con otros ojos: no simplemente con los ojos humanos, que ven solamente la realidad visible, palpable, sino también, y sobre todo, a percibir la realidad con los ojos de la fe; con aquellos ojos que nos permiten atisbar el mundo invisible, el mundo de Dios. Es la mirada que nos puede hacer vivir confiados en el amor y el poder de Dios, nuestro Padre, aun en medio de las tormentas de la vida; aun, y especialmente, en esos momentos en los que sientes que te hundes, y que vas camino a la destrucción. Es la mirada que te puede hacer sentir seguro, sabiendo que tu Dios es mayor que tus problemas, y que Jesús tiene poder suficiente para calmar las tormentas externas, de las circunstancias que te oprimen, afligen y desesperan; como también las tormentas internas, de tus luchas espirituales, morales y psicológicas. Porque él es el Dios todopoderoso, que creó el universo con su palabra poderosa, y con esa misma palabra puede devolverte la paz y la calma que tanto necesitas.


Foto por Marvin Paz